El verano de 2026 ha dejado una evidencia que ninguna empresa que consume electricidad de forma intensiva puede ignorar, el precio de la energía eléctrica ya no es tan predecible como se pensaba hace unos años. Red Eléctrica ha tenido que activar en menos de cinco semanas hasta cinco veces el Servicio de Respuesta Activa de la Demanda (SRAD), parando temporalmente a la gran industria para equilibrar el sistema. Y en la última de esas activaciones, el 20 de agosto, ocurrió algo que rara vez se había visto, pagar por frenar la industria salió más caro que el propio precio del mercado eléctrico.
Entender qué hay detrás de estas subidas y qué puede hacer una empresa para no quedar expuesta a ellas es el objetivo de este artículo.
¿Por qué sube el precio de la energía eléctrica en España?
Conviene aclarar primero un matiz importante, cuando hablamos del precio que se dispara, nos referimos al precio del mercado mayorista (el pool), no específicamente al precio de la energía renovable. En ese pool conviven la generación renovable, la nuclear y la fósil sobre todo los ciclos combinados de gas, y el precio final que paga cualquier consumidor es el resultado de cómo interactúan todas ellas, no solo de la parte renovable.
Dicho esto, hay dos fenómenos que están empujando el precio al alza simultáneamente:
La variabilidad de la generación renovable
España ha construido en la última década uno de los parques de generación renovable más grandes de Europa. Eso es una buena noticia para la transición energética, pero tiene un efecto colateral, cuando la producción solar o eólica se desvía de lo previsto por ejemplo, por una tormenta que reduce la fotovoltaica o por un descenso repentino del viento el sistema necesita reaccionar en minutos para no comprometer el suministro. Esa reacción tiene un coste, y ese coste se traslada, tarde o temprano, a la factura del consumidor final.
El caso del 20 de agosto lo ilustra bien, el sistema generaba casi 3 GW menos de fotovoltaica de la esperada, la hidroeléctrica cayó bruscamente y, al mismo tiempo, España exportaba energía a Portugal. Ante ese desajuste, Red Eléctrica prefirió pagar 116 €/MWh a la industria por dejar de consumir antes que encender nuevos ciclos combinados no programados, aunque el precio de mercado en ese momento rondaba los 80 €/MWh. No ha sido un caso aislado, en apenas un mes se han registrado activaciones a 176, 185, 194 y hasta 211 €/MWh, un máximo histórico para este mecanismo.
El encarecimiento del gas natural y del CO2
El otro factor, tan determinante como el anterior, es el precio de las materias primas que fijan el coste de la generación de respaldo, el gas natural, que marca el precio en las horas en que entran los ciclos combinados, y el precio del derecho de emisión de CO2, que en las últimas semanas se ha situado por encima de los 83 €/t. Cuando ambos suben, el coste de generar con gas la tecnología que suele marcar el precio marginal del sistema en los momentos de tensión se dispara, y ese precio marginal se traslada a todo el mercado, con independencia de qué tecnología produzca en cada instante.
En definitiva, la evolución del precio de la energía eléctrica responde a una combinación de variabilidad meteorológica, la capacidad del sistema para reaccionar a tiempo, y el encarecimiento del gas y del CO2 en los mercados internacionales.
El coste oculto de la volatilidad: cuando la factura energética se dispara sin previo aviso
Para una empresa con consumo eléctrico elevado, esta volatilidad no es un dato abstracto de los mercados mayoristas, es un riesgo financiero directo. Una fábrica puede verse obligada a parar líneas de producción en pleno pico de actividad, o simplemente sufrir un encarecimiento de su factura mensual sin haber cambiado en nada sus hábitos de consumo.
El problema de fondo, según reconocen los propios técnicos del sistema eléctrico, es que la penetración masiva de renovables avanza más rápido que la capacidad de gestión y respaldo del sistema, mientras el gas y el CO2 siguen marcando el precio en los momentos de tensión. Mientras se completa la transición con más almacenamiento, más interconexión y más control de tensión desde origen renovable, mecanismos como el SRAD seguirán usándose con frecuencia, y el precio de la electricidad seguirá teniendo picos difíciles de anticipar sin la información y las herramientas adecuadas.
Cómo puede una empresa gestionar el precio de la energía eléctrica
La buena noticia es que gran parte de este riesgo se puede anticipar y reducir. La forma más adecuada de gestionar el mejor precio de mercado para un consumidor de electricidad pasa por varias fases:
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- Definir una estrategia de compra, en lugar de dejar el suministro en piloto automático.
- Gestionar contratos de más de dos años de duración, fijando un precio objetivo de compra.
- Analizar las variables fundamentales que mueven el mercado meteorología, precios del gas, del Brent, del carbón y otros combustibles junto con los precios de futuro cotizados en OMIP.
- Fijar porcentajes de consumo por trimestres o años, en lugar de cerrar todo el volumen en un único momento, para anticiparse a la evolución futura del mercado en vez de reaccionar a ella.
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Las empresas que consiguen amortiguar mejor estas subidas suelen combinar esta estrategia de compra con tres prácticas adicionales:
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- Auditoría energética periódica, que identifica dónde y cuándo se concentra el consumo y permite anticipar los momentos de mayor exposición a precios altos.
- Gestión activa de la cartera de energía, revisando contratos y condiciones de suministro en lugar de dejarlos sin revisar durante años.
- Monitorización en tiempo real del consumo, que permite detectar desviaciones y actuar antes de que se traduzcan en sobrecostes.
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Una herramienta concreta, los contratos Multiclick
Dentro de esa estrategia de compra fraccionada, los contratos Multiclick son una de las herramientas más utilizadas por las empresas con mayor consumo. Permiten fijar el precio de la energía de forma fraccionada, realizando cierres parciales de volumen en distintos momentos del mercado, en lugar de depender de un único precio de compra anual. Con un contrato Multiclick, la empresa puede dividir su consumo total, ejecutar cierres estratégicos según la evolución del mercado, diversificar el riesgo y adaptar la estrategia a su presupuesto y previsiones financieras.
Un ejemplo ilustra bien el mecanismo, una empresa industrial con un consumo anual de 2 GWh eléctricos, en lugar de cerrar el 100% del volumen en enero a un precio fijo, podría diseñar una estrategia escalonada por ejemplo, un 30% del volumen cerrado en enero, un 25% cerrado en marzo tras una corrección del mercado, un 25% en junio ante señales de tensión en el gas y el 20% restante en septiembre tras una estabilización del mercado. El resultado es que se evita concentrar el riesgo en un único punto, se reduce el impacto de posibles picos y se obtiene un precio medio ponderado más competitivo, además de mejorar la previsión presupuestaria.
Este tipo de contratos suele estar orientado a empresas con consumos mínimos cercanos a 1 GWh anual (tanto en electricidad como en gas), aunque en determinados casos puede plantearse a partir de 0,5 GWh siempre que exista planificación financiera, interés en gestionar el riesgo y capacidad de análisis y seguimiento. No es solo cuestión de volumen, sino de mentalidad estratégica, para un director financiero o gerente, el coste energético no es solo una partida operativa, es una variable que impacta directamente en márgenes, competitividad, flujo de caja y presupuesto anual.
Aplicadas de forma conjunta, todas estas medidas convierten la incertidumbre sobre el precio de la energía eléctrica en un factor gestionable, en lugar de una sorpresa mensual en la factura.
GEYPE: más de 40 años ayudando a las empresas a controlar su coste energético
En GEYPE llevamos más de cuatro décadas trabajando en ingeniería y gestión energética, con auditorías energéticas, gestión de cartera de energía, cálculo de huella de carbono y monitorización avanzada a través de nuestra propia plataforma, SMAC. Hemos acompañado a cientos de empresas industriales, agroindustriales y de edificación a entender su consumo y a tomar decisiones informadas frente a un mercado eléctrico cada vez más volátil.
Episodios como los vividos este verano con el SRAD confirman lo que venimos observando en nuestro trabajo diario, quien no gestiona activamente su energía, termina pagando la volatilidad del sistema en lugar de anticiparla. Una auditoría energética bien hecha no solo cumple con la normativa (como el RD 56/2016), sino que se convierte en la primera línea de defensa frente a las subidas del precio de la energía eléctrica.
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